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28 de septiembre de 2015 · 4 min de lectura

El amor no basta. Terapia de pareja: la sexualidad

No me queda fuerza en los dedos para dibujarte en el aire

Agoté el aliento que les daba alas.

Me vi.

Te vi.

Descubrí que el amor, no basta.

©Tania Evans, La psicología del Fénix

“El amor es siempre la solución” es el mantra de mi buen amigo Rafael.  De niña también lo convertí en mi filosofía de vida y ahora, como psicóloga, es la única forma que concibo de trabajar y acompañar a los demás en sus propios procesos.

Gracias al amor somos concebidos y sobrevivimos al nacer. El amor nos arraiga; nos dibuja raíces sobre las que desarrollarnos y crecer. El amor nos mueve y nos convulsiona. Nos inerva los sentidos y nos revienta desde las profundidades del alma para descubrirnos nuestra maravillosa naturaleza vulnerable. Pero sobre todo, para hacernos conscientes de nuestro gran poder transformador.

Pero, con el amor, no basta.

No es suficiente para que nuestras relaciones se mantengan unidas, fuertes y evolucionen.

El amor no basta en las relaciones de pareja.

La mezcla de sustancias químicas que nos hacen acercarnos al otro y despertar el deseo de permanecer juntos, es la antesala del amor. Éste nace cuando comenzamos a CONOCER a nuestra pareja. Y en ese período, que puede durar toda la vida, es donde se hace realmente imprescindible.

El amor “sano”, nos ayuda a situarnos en un lugar distinto al que solemos estar y contemplar, a nosotros mismos y al otro, desde una perspectiva neutral. La única posición desde la que nos puede desbordar la ternura y la compasión de sabernos diferentes pero iguales, ante este mundo hermoso que, de alguna manera, terminamos viendo como algo aterrador de lo que defendernos.

Las relaciones de pareja se sustentan en tres pilares fundamentales: la sexualidad, la comunicación y un proyecto común.

La sexualidad es en muchos casos, la gran olvidada. Sobre todo, porque la mayoría la circunscribe al territorio del dormitorio y del acto sexual, y al entenderla así, poco a poco, termina por desaparecer de la vida en pareja, poniendo con ello la relación en “peligro”.

¿Cuándo fue la última vez que os mirasteis como si os acabarais de descubrir?

¿Cuándo te paraste en mitad de la calle y le besaste largamente olvidándote del mundo?

¿Cuándo la sobresaltaste al abrazarle por la espalda mientras leía?

¿Cuándo dibujaste en el espejo del baño un te quiero que el vaho descubriera?

¿Cuándo el talle de su cintura dejó de ser un camino para acercarla a tu vientre?

¿Cuándo dejasteis de contemplaros como los amaneceres, con los ojos entornados por la ternura?

No es la rutina la que destruye la sexualidad o la aleja tanto que termina creando abismos insalvables. Es la carencia de todos y cada uno de esos pequeños detalles que llenan el día. Son todas esas cosas que hacíamos al principio de la relación y que poco a poco, vamos relegando al olvido.

¿Por qué dejamos de tener esos pequeños gestos con las que nos sentíamos vivos y felices?

¿Cómo podemos olvidarnos de lo más obvio? ¡¡Que funcionaban!! Nos unieron. Hicieron que nos enamoráramos más profundamente y que cuando teníamos la tentación de solo “mirar”, continuáramos “viendo” al ser maravilloso que teníamos en frente.

Pero “el olvido está lleno de memoria” y se puede recuperar todo aquello que llenaba el día a día de belleza. Que prendía miradas agradecidas, miradas de amor. Que despertaba el deseo de ser piel desnuda bajo la sábanas.

Creo que el secreto nos lo dio en este precioso poema el gran maestro

El artículo continuaba reproduciendo íntegro el poema «Me basta así», de Ángel González. Se omite aquí por respeto a los derechos de autor: puede leerse en cualquier edición de su obra.

Publicado originalmente en el blog de taniaevans.es el 28 de septiembre de 2015.

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