27 de marzo de 2014 · 2 min de lectura
No Son las Grandes Cosas las que Terminan...
“No son las grandes cosas las que terminan llevándonos al manicomio sino el cordón del zapato que se rompe cuando no tenemos tiempo para arreglarlo”.Charles Buckowski
“El estrés se construye sobre el estrés, sin importar lo más mínimo cual fuere su causa. Porque el hecho de que, cuando estamos sobreexcitados, el más pequeño contratiempo pueda desencadenar una respuesta extrema, tiene una explicación bioquímica ya que, cuando la amígdala pulsa el botón central del pánico, desencadena una respuesta que se inicia con la liberación de la hormona corticotropina o HCT y finaliza con un aflujo de hormonas estresantes principalmente cortisol. Una vez que en el torrente sanguíneo, perduran durante varias horas, de modo que cada nuevo incidente perturbador no hace más que aumentar la tasa de hormonas estresantes. Es así como la acumulación puede convertir a la amígdala en un verdadero detonante capaz de arrastrarnos a la ira o el pánico a la menor provocación. El cortisol consume los recursos energéticos de la memoria operativa –del intelecto- y los trasfiere a los sentidos. No es extraño que cuando los niveles de cortisol son elevados, cometamos más errores, nos distraigamos más, tengamos menor memoria, aparezcan pensamientos irrelevantes y cada vez resulte más difícil procesar la información”.
Y como no, controlar nuestras emociones y nuestras reacciones.
Esta es una de las razones por las que es sumamente importante saber cómo reaccionamos ante el estrés y con qué técnicas de afrontamiento contamos ya que de ello dependerá, que digamos o hagamos algo que nos puede ocasionar situaciones desagradables, tanto a nosotros como a aquellos que nos rodean, ya sean familiares, amigos o compañeros de trabajo.
Incluso aun teniendo herramientas eficaces y entrenadas, podemos tener épocas de mayor inestabilidad física y psicológica. Lo que nos suele pasar a la mayoría, nos relajamos sabiéndonos y creyéndonos fuertes pero el cuerpo tiene un aguante y nos da mil señales que no escuchamos. Sabemos que tenemos que descansar, que tomarnos algún día libre, que hacer algo de ejercicio y comer mejor, pero siempre será “en cuanto pase esta semana” “en cuanto termine este proyecto”…
El mensaje que quisiera transmitir es sencillo: Trabajemos por desarrollar esa conciencia de nosotros mismos que incluye saber cómo nos encontramos y cómo nos están afectando las cosas de nuestro alrededor, para detenernos a tiempo antes de que nuestra “amígdala” nos juegue una mala pasada.
A su vez, nos puede servir para aprender a identificar el porqué de las reacciones de otros, entenderlos y quizá poder “echar un cable”, a ese amigo o compañero para que no termine siendo víctima de su sistema límbico, perdiendo cosas importantes por el camino.
® Tania Evans, Psicóloga
Goleman, (1999)
Publicado originalmente en el blog de taniaevans.es el 27 de marzo de 2014.
¿Hablamos?
Si algo de lo que has leído te resuena, escríbeme y reservamos tu sesión, presencial en Elche o por videollamada.
Escríbeme por WhatsApp