«La mayor felicidad es conocer la fuente de la infelicidad»
Dostoievski

Hoy en día hay una cierta saturación de información relativa al crecimiento o desarrollo personal. Por todos lados aparecen gurús que te aseguran haber encontrado la panacea para aliviar el sufrimiento y conducirte en un “plis plas” a la felicidad.

Pues bien, aquí va el NOTICIÓN: os comunico que esa fórmula NO EXISTE.

Nadie posee un varita mágica para sanar o conducir a otro en su sanación. Ni tan siquiera uno mismo, por más que digan que la verdad está en nuestro interior. Si bien es cierto que SI somos los que tenemos la llave de la caja de Pandora y el acceso directo a nuestra esencia siendo por ello, los máximos responsables y los que más podemos contribuir en ese proceso.

La única PANACEA para llegar lejos en ese desarrollo personal en el que muchos estamos embarcados, así como para mantener los progresos que hayamos realizado es CONOCERNOS y para ello, aprender a pedir ayuda en el camino, cuando sea necesario.

¿Qué significa conocernos?

Conocernos es descubrir el repertorio limitado de estrategias y conductas en las que nos especializamos para sobrevivir a nuestro entorno durante nuestra infancia.

Conocernos es reconocer las imágenes propias que creamos a través de nuestras experiencias tempranas, con las que desde entonces, nos identificamos y justificamos.

¿Y cómo comenzar ese camino?

Muchos no sabemos o no tenemos presente que solemos oscilar es un continuo en el que en un extremo nos elevamos sobre una falsa base como “protección” y en el otro, nos hacemos pequeñitos justificando cada una de las decisiones que por miedo, NO tomamos.

Ese continuo en el que en el que nos tambaleamos está gobernado por un “pepito grillo pasado al lado oscuro de la fuerza” llamado EGO, esa vocecita que susurra:

– No pasa nada, YO soy fuerte y no necesito ayuda. YO puedo SOLA.

o en su opuesto que también es ego

– Da igual lo que haga, YO soy así y nunca podré cambiar. Tengo lo que ME merezco.

Ahora que vamos sabiendo más de este proceso de descubrimiento y desarrollo, te propongo

un ejercicio para sacarle los colores a tu “lado oscuro”.

*Nota: Te animo a llevar un diario en el que vayas plasmando las impresiones que te surgen al realizar estos ejercicios así como también dejar constancia  en él, de partes de tu día a día que te ayudaran en ese proceso de CONOCERTE.

El ejercicio

Elige un lugar neutral, si puede ser en la naturaleza, mejor. Y entiéndase naturaleza tanto irse a la montaña como sentarse a los pies de un bello árbol de algunos de los parques de tu ciudad. (un día hablaremos de por qué la naturaleza es sanadora J)

Piensa en el último conflicto que hayas tenido con alguna persona de tu entorno, ya sea compañer@ de trabajo, amig@s, familia o pareja.

Respira.

Siente qué emociones  experimentas y que parte de tu cuerpo las alberga.

¿Qué te dices con respecto a esa vivencia? ¿Cuál es tu diálogo interno?

¿Te culpabilizas?

¿Te justificas?

¿De qué manera has contribuido a que se diera esa situación de conflicto?

¿De qué otra manera podías haber “actuado”?

¿Qué “pensamientos” te han impedido hacer las cosas de otra manera?

¿Te encuentras con frecuencia sintiéndote igual en las interacciones con otros?

¿Se dan a menudo en tu vida situaciones de *conflicto similares aunque sea en distintos contextos y con personas muy diferentes?

*entiéndase por conflicto situaciones que generen malestar a uno mismo o a terceros, independientemente del grado de perturbación. 

¿Qué conclusiones has extraído después de realizar este ejercicio?

¿Has descubierto algo nuevo sobre ti?

Seguro que sí y siempre, sea lo que sea, es y será, PERFECTO.

Solo es el comienzo.

Continuamos caminando… y si tienes dudas y lo deseas, estoy al otro lado.

© Tania Evans